Julián Sancerni Giménez: EL CAUDILLO DE PALERMO

Julián Sancerni Giménez nació en el Barrio de Palermo el 28 de enero de 1903. Hijo de Manuel Sancerni y de Benita Giménez. Se casó a los 24 años de edad con Margarita Campaner, con quien tuvo dos hijos: Julián Hipólito y Juan José.
 
Se afilió a la Unión Cívica Radical en 1918 en la Circunscripción 17ª, en el mismo barrio que lo vio nacer, en un local ubicado en la calle Guatemala muy frecuentado por vecinos muy mayores que él, quienes reconocieron en pocos años el fuego sagrado de este joven que a los 35 años fue electo Diputado Nacional por la Capital Federal para el período 1938/1942.
 
Perteneció por más de 30 años a la Obra de Don Bosco, como así también fue co-fundador de las Bibliotecas Social Colegiales y Juan Bautista Alberdi del Barrio de Palermo. Formó parte del Círculo Mutual Maldonado, aunque su gran amor en materia social y deportiva fue el Club Atlético River Plate, que en el año 1957 lo declaró Socio Vitalicio.
 
Aprendió y se hizo al lado de un radical de prestigio barrial: el Doctor Trucco, de quien pronto fue su segundo, y que heredó políticamente a su muerte. Julián tomo el liderazgo de la 17ª desplazando a todos, hasta Emilio Ravignani, talentoso y distinguido historiador, terminó rindiendo sus armas políticas y militando bajo su influencia.
 
Sin embargo, este joven de la época, atropellador y tan radical que se jugó contra la fórmula Melo-Gallo, después del 30 decidió apoyar ciegamente a Marcelo T. de Alvear cuando asumió la presidencia del radicalismo. Julián ya demostró ser un político realista: no estuvo en la acción directa ni se mezcló con los conatos revolucionarios imposibles.
 
Para él la Unión Cívica Radical había entrado en otros carriles inmodificables, y por ellos había que transitar de la mejor forma posible.
 
La personalidad de Alvear lo subyugaba y junto a él encontró el camino.
 
Por cierto, que, como buen radical de entonces, estuvo preso…aunque en su casa con un vigilante de custodia que, a los pocos días, desde que aceptó mates y cigarrillos, fue aflojando su consigna. Contaba Atilio Zarriello que entre él y “el chino “-hermano de Julián- lo ayudaron a escapar apelando a una estratagema cinematográfica: en cuanto cayó la tarde, el Chino -que era muy parecido fisonómicamente a Julián- se mostró en la penumbra y anunció que se acostaba.
 
Atilio ocupó la cama de enfrente dando un cuadro de normalidad al último control y Julián, gateando, se escapó por la casa vecina mientras el vigilante cumplía confiado, con la ingenuidad represiva de la época en que su preso no podía alterar las reglas de la superioridad. Como la mayoría, estuvo exiliado en la libertad del Uruguay hasta que cesó la dictadura.
 
Para entonces ya tenía peso propio en la Capital Federal.
 
Comienza a extenderse su fama de "buen negociador", de operador comprensivo y realista en el quehacer político. Tal vez por eso no creyó en la abstención de 1932 y estuvo al lado de Carlos Benito Noel para lograr su levantamiento y continuar la tarea incansable de ganar nuevas voluntades cívicas, de convencer y seducir, de imponerse en las internas y de participar en los triunfos del radicalismo.
 
Aunque tuvo el honor de ser electo diputado nacional en 1938-1942, supo comprender que para él mejor que los oropeles y pasillos alfombrados del Congreso Nacional eran sus calles de Palermo, donde entre las sombras titilantes en las que todavía palpitaban los versos de Evaristo Carriego, estaba más cómodo escuchando a la gente humilde que hablaba el lenguaje de todos los días, aquel común y repetido de las necesidades insatisfechas.
 
También entonces llegó a algo ambicionado por todo político capitalino: fue electo Presidente del Comité Capital.
 
En el ajedrez de "Don Marcelo", Julián era una pieza imprescindible. No lo abandonaría jamás, ni en las buenas ni en las malas.
 
Nunca desempeñaría más cargos electivos, ni partidarios ni institucionales.
 
Después de 1943, Perón buscó un partido político y sobre todo un vice con quien unificar un gran movimiento nacional. Sus emisarios recorrieron todo el espinel radical, pero uno de los principales se entrevistó con Don Julián para que, con su arte de gran operador, lo convenciera a Amadeo Sabattini.
 
La idea no cuajó; Julián no creía en la propuesta, sin perjuicio de lo cual la hizo llegar al destinatario junto con su opinión. Por cierto, que después del 24 de febrero de 1946, fecha en que Perón fue electo Presidente de la Nación, fue opositor simple, llano y solidario con todas las instancias de l oposición libertaria al régimen..
 
Don Julián no tenía aristas filosas que lastimaran. No fue conspirador contra el peronismo y, nuevamente, rechazó la acción directa. Sabía que en política hay que saber esperar…y esperó paciente., fortaleciendo sus huestes, manteniendo sin descanso una suma de afiliados en toda la Capital Federal en una tarea que parecía árida y estéril, pero que él sabía cuándo y cómo daría sus frutos. En esos tiempos había "unionistas" e "intransigentes" y él, fiel a sus convicciones, fue la encarnación de los primeros que significaban la continuidad inmutable de la gestión alvearista.
 
Su vieja relación con Perón y buena con Mercante no impidió que la muralla resentida y vengativa lo persiguiera, hasta que, en 1949, optó por exiliarse. Fue un día preciso y después de cumplir una obligación que no podía eludir: era padrino de bodas de su amigo Atilio Zarriello. Llegó tarde, apurado y nervioso a la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, a tres cuadras de su casa, en la calle Bonpland y Nicaragua y, con el último amén y el beso a la novia, partió apurado hacia la libertad del Uruguay.
 
Hacedor de dirigentes, concejales y diputados supo decir una vez: "hay siempre fecundación de savia nueva en las inmolaciones sufridas…"
 
Lo notable es que este alvearista, unionista sin tapujos, tejedor político de aquellos, hábil, sensible y contemporizador, no sólo con lo excelso sino con la miseria humana, había adoptado, en su quehacer diario, el perfil operativo más puro de Don Hipólito Yrigoyen; tejedor silencioso, pulido y paciente de vastas mallas electorales, que no esperaban ni el aplauso ni el reconocimiento público.
 
Nunca rupturista y siempre inclinado al diálogo, en voz baja, protegido por escasa luz, con uno o con pocos oyentes, como ofreciendo en secreto una misa laica. Todo Palermo y gran parte de la Capital le debe algo a Don Julián. Nadie que se acercó a él quedó sin su respuesta humana y cálida y su generosidad de hombre humilde. El peso para el remedio, el nicho para los viejos, el trabajo salvador y la "dispensa" del comisario, fueron el alimento de una clientela hambrienta que nunca lo abandonaría. Cuando nada había, al menos una palabra, una promesa sincera y la puerta siempre abierta de la vieja casona de la calle Bonpland 2342.
 
Cuando uno repasa las figuras del “Olimpo Radical”, se cometen claras injusticias en el olvido a figuras que, sin llegar a las más altas magistraturas o responsabilidades políticas, han dejado una buena huella en nuestro más que centenario partido, así los Zarriello, los Vanoli, los Rabanal, los Pupillo, los Mercader, los Elpidio González, los Gabino González, los Oyhanarte, los Santander, y el humildemente homenajeado en estas líneas.
 
En este escaldado radicalismo de hoy cuánta falta hacen las enseñanzas y las conductas de Don Julián, ese trabajo militante fecundo, diario, que muchas veces parece inútil o estéril, pero son sus huestes, su descendencia y otras tantas que mantienen aún hoy viva nuestra causa.
 
Deseo usar una frase con que Cantoni calificó a la formula Leopoldo Melo – Vicente Gallo en 1928, “radicales de mesa servida y gloria barata”- por cierto, que Don Julián no fue uno de esos, supo de su fidelidad para con “Don Marcelo”, de la persecución política, del exilio, de los excesos del peronismo, de convertirse con su ajedrez político en un hacedor de candidatos sin necesidad de falsa figuración o primera línea. Esa incansable tarea de acercar voluntades, de sumar, de convencer en pos de la causa.
 
Siempre inclinado al dialogo, tejedor paciente de lealtades, todo Palermo le debe algo a su histórico caudillo, conocía el nombre de los chicos y los problemas de cada cual, el remedio, unos pesitos, el nicho, la recomendación, la protección o él conchabo salvador, si nada de eso era posible la palmada sincera y la promesa futura, como decía Jauretche el comité era la obra social de los pobres.
 
Fue un radical verdadero, de comité, de calle, formado en esa universidad, no lo tentaron ni los oropeles ni las alfombras rojas, lo suyo no fue ni la oratoria, ni la cátedra ni la veleidad intelectual, humildemente dejo ese trabajo a otros que entendió más capacitados, pero al tiempo estos descubrieron que su fuerza política descansaba en él.
 
Murió en un año  1981 (20 de mayo)), año en el que también nos dejara Don Ricardo Balbín (9 de septiembre).
 
No alcanzaron a ver las alegrías y desazones de su causa, hoy los argentinos, debemos repensar estas historias, porque la de Don Julián y tantas otras son nuestras, y desde el cielo pensando la próxima interna con ese léxico de puntos y punteros, no debe estar contento con nosotros, nuestra causa es más cruda, traiciones y olvidos, como decía nuestro fundador es la de los desposeídos, y eso él siempre lo entendió.
 
Lo velamos no más de diez personas esa fría noche de mayo de 1981 en su vieja casona, hoy sede de su Fundación que enarbola con su nombre. Lo acompañamos la mañana siguiente, bajo una lluvia pertinaz, todos los radicales porteños a su última morada en el Cementerio de Olivos.
 
En agosto de ese año había tenido el honor, gracias a mi tío Jorge Bonanata, de visitar en su lecho de enfermo a Don Ricardo, sólo veinte días antes de su muerte. Sentado al pie de su lecho de enfermo nunca olvidaré el mensaje final del caudillo: “Mire joven; la política es la vida, es saludar al portero, al policía de la esquina, al colectivero al subir al colectivo y al diariero todas las mañanas, preguntar por la salud de un enfermo y si es necesario visitar a un amigo en la cárcel. Yo supe padecer la prisión por pensar distinto a Perón.”
 
“Ya de viejos, en su último regreso a la Argentina, supimos abrazarnos con afecto en pos de la unidad nacional”. “Y con gran tristeza supe despedir al amigo que vino -como león herbívoro- a entregar sus últimos días al pueblo argentino”.
 
En menos de cuatro meses tendría el triste honor, en la noche del 9 de septiembre de 1981, de ser uno de los dos jóvenes abanderados por un brazalete argentino y otro radical, que escoltáramos durante toda la noche los restos mortales de Don Ricardo Balbín en el Comité Nacional, al pie del cajón.
 
Sirvan estas líneas para enseñar a los jóvenes que nunca sufrieron persecuciones a valorar la libertad y a la democracia como única forma de vida civilizada entre los pueblos.
 
FRASES DON JULIAN SANCERNI GIMENEZ

 

"Nunca creas que alcanzaste el cielo porque el ruido de la caída será tremendo, subí los escalones de a uno y siempre mirá a quién tenés atrás... por las dudas."

"Nunca creas en los amigos del éxito porque son quienes primero te abandonarán, luego de sacarte el mayor jugo posible."

"Hay siempre fecundación de savia nueva en las inmolaciones sufridas."

“El político de raza sólo se jubila cuando le cierran el sobretodo de madera”

 
Humberto Bonanata
Presidente
Fundación Julián Sancerni Giménez
 
 
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AUTORIDADES DE LA FUNDACION JULIAN SANCERNI GIMENEZ

Presidente: Humberto Bonanata
Vicepresidente: Federico Pinedo
Tesorero: José Antonio Capitti
Secretaria: Eda Marcela Caratti
 
Vocales:
 
Ricardo Lafferriere
Marcela Alejandra Larrosa
Facundo Suárez Lastra
 
Director Ejecutivo:
 
Claudio Augugliaro

 

Actividades


Principales conferencias realizadas en nuestra sede:

14 de abril de 2004 - Senilidad  y  ancianidad: arteriosclerosis  y el mal de Alzheimer. - Por Ignacio Brusco 
 
17 y 24 de junio de 2004 - Seguridad en Argentina: política aplicada en la prevención del delito - Por María Ángeles 
Losada.
 
22 de julio 2004 - Economía en el gobierno de Kirchner:  aislamiento mundial y caída del salario real -  Por Humberto Bonanata.
 
26 de agosto de 2004 - Reforma política y estabilidad democrática en Argentina.- Por Marcela Caratti.
 
28 de octubre de 2004 - Delito de mayor, pena de mayor. - Por Juan Octavio Gauna.
 
11 de mayo de 2005 - La deuda moral de los partidos políticos con la democracia - Por  María Ángeles Losada.
 
29 de junio de 2010 - Los conflictos regionales en América Latina. - Por Marcelo Stubrin.
 
14 de abril de 2011 - Moisés Lebenson: El hombre que pudo cambiar la historia. - Por José Bielicki.
 
17 de junio de 2011 - Problemática de la Ciudad de Buenos Aires. - Por Facundo  Suárez  Lastra.
 
16 de febrero de 2011-  Necesidad del desarrollo de nuestra industria automotriz  - Por  Cristiano Rattazzi.
 
15 de junio de 2012 -   Geopolítica americana y  argentina -  Por  Ricardo Lafferriere.
 
19 de diciembre de 2012 -  Argentina,  país caído del mundo -  Por Ricardo López Murphy.
 
15 de abril de 2013 - Seguridad jurídica en la Argentina  - Por Ricardo Gil Lavedra.
 
17 de septiembre de 2013 -  Función social del  Banco Ciudad - Por Juan Curutchet.
 
15 de octubre de 2013 - "UNEN, su futuro y sus alianzas" - Por Marcela Campagnoli.
 
14 de agosto de 2015 - El desafío de los jóvenes e su primera elección presidencial. - Por Federico Pinedo.
 
15 de marzo de 2016 - Desafíos del traspaso del sector privado al sector público.- Por Susana Lázzari.
 
17 de mayo de 2016 - Transformación de la banca pública.- Por Marcelo Godoy.

 

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